La langosta y su ilusión

The Lobster (La langosta)
Yorgos Lanthimos/2015/113′

Fotograma de The Lobster (2015)

Fotograma de The Lobster (2015)

En un mundo de apariencias perfectas solo se puede vivir con pareja. Por eso David, después de que lo deja su esposa, es llevado de inmediato al hotel por el que deben pasar otras personas como él: solas, y no por elección.

El sistema de rutinas y relaciones forzosas se revela poco a poco. Para que funcione esa normalidad, el hotel y su objetivo (que todas las personas tengan parejas y vivan felices y juntos para siempre), obviamente como en cualquier sistema que busca la perfección, también se sostienen en la destrucción del enemigo y en la sanción de hábitos que serían propios de los enemigos.

The Lobster (La Langosta) del director griego Yorgos Lanthimos, nos cuenta la experiencia de David de querer adaptarse a su nueva vida de hombre solo en búsqueda de una pareja. El principio, el fin y el modo de las cosas están establecidas e interiorizadas, tanto que hasta lo que se sale de la ley ya se ha normado. Lanthimos, con esa huella brutal, nos dice que no hay opción, elección o desviación posible en el mundo de David. La máxima es que cualquier cosa que se salga de la norma será castigada de un modo terrible, y será aceptado socialmente porque la norma ya es asimilada como lo “normal” o “natural”.

Lanthimos dibuja en la ficción de The lobster la gran aspiración fascista de este mundo real. Si el capitalismo pudiera controlar a cabalidad los comportamientos, las formas de relacionarse y las finalidades de los cuerpos (¿suena a bio-política?) estaría un peldaño más arriba de la vida que quiere imponer. Y ¿por qué no?, la figura del control absoluto pudiera ser el amor romántico; ese amor ideal de la complementariedad, lo idéntico, lo que no tiene errores, la entrega abnegada de los cuerpos feminizados, la posesión que lleva el signo masculino, etc.

La correspondencia con lo real a ratos estremece. El director hila fino con una fotografía impecable, propia de ese mundo casi apolíneo, que sobresale especialmente cuando la música estalla en momentos de gran dramatismo. La voz que lleva la historia, será, en cambio, eso que le imprimirá cierto misterio a lo que vemos (y una pista del encargo que la película les hace a las mujeres). Otro acierto es el extraño humor hermanado con lo absurdo de ese mundo sin sueños. Todas las elecciones narrativas de The Lobster parecieran caber en su sitio; porque al pasar nivel tras nivel, con mayores dificultades, goces y obstáculos, se encuentra un final que desconcierta.

Quisiera extenderme en algunos puntos muy interesantes de esta película (el tratamiento sobre la naturaleza en general y la naturaleza humana, el ejercicio del poder de las figuras femeninas y de las masculinas) pero esto sería un análisis y no el pequeño texto que pretendo. The Lobster, como toda película digna de repetírsela, tiene capas -unas más tramposas que otras- que pueden ocasionar perturbaciones en sus espectadores y eso la hace recomendable.

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La insignificancia

La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento. Está presente incluso cuando no se la quiere ver: en el horror, en las luchas sangrientas, en las peores desgracias. Se necesita con frecuencia mucho valor para reconocerla en condiciones tan dramáticas y para llamarla por su nombre. Pero no se trata tan sólo de reconocerla, hay que amar la insignificancia, hay que aprender a amarla. Aquí en este parque, ante nosotros, mira, amigo mío, está presente con toda su evidencia, toda su inocencia, toda su belleza. Sí, su belleza. Como has dicho tú mismo: la animación es perfecta, y totalmente inútil, los niños ríen, sin saber por qué, ¿acaso no es hermoso? Respira, D’Ardelo amigo mío, respira esta insignificancia que nos rodea, es la clave de la sabiduría, es la clave del buen humor.

La fiesta de la insignificancia. Milan Kundera, 2014. Tusquets.

Guayaquil, 2014. F: Gabriela Toro.

Guayaquil, 2014. F: Gabriela Toro.

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Bajando a Guápulo. Quito. 2012 o 2013. F: Gabriela Toro.

Bajando a Guápulo. Quito. 2012 o 2013. F: Gabriela Toro.

Rollo Elite Chrome, Pentax K1000.

Caminar es respirar con los pies. Caminar es buscar las aves en las ramas de los árboles que opacan el ruido de la ciudad. Caminar es encontrar los guiños de las paredes que hablan de las noches frías de aventura.

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Bajando a Guápulo

El sol detrás de las nubes de Quito dispersa la luz en todo sentido. Deja atrapar detalles y apacigua la ansiedad del verano. Estas fotos las tomé en una tarde de febrero del 2014 junto a tres buenxs amigxs.

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Tarde de nubes

Una ventana. Enero, 2014. Santa Elena. F: Gabriela Toro.

Una ventana. Enero, 2014. Santa Elena. F: Gabriela Toro.

A cada lugar al que voy, fuera de la ciudad, tomo fotos de las ventanas. Me pregunto si acaso quiero atrapar el pasado y estoy triste por no poder regresarlo. Veo esta foto de enero del 2014 y recuerdo vagamente qué pasaba en mi vida en aquellos momentos, incluso me pregunto si ya he publicado la foto.

No extraño nada de lo que vivía, no siento nostalgia; eran puras ganas de sentir que era yo a solas con la cámara, como caminar conmigo por la playa y sin reloj. Lo que me gusta hacer de cada ventana cuando me quedo colgada de ellas es pensar que son mías por un momento, estoy viéndome (como un espejo), estoy yéndome, recibo su luz y la tomo hacia adentro del diafragma del objetivo y hacia mi diafragma la luz es respiro.

¿Qué es una ventana? Es mi manera de agradecer la soledad, solo yo la veo como la veo, grande, lista para ver a una pared, a un árbol, un gato o un pájaro. Las ventanas son el  lugar mismo en su mínima expresión; son como sus ojos, sin ellas no se puede ver hacia adentro.

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Otra ventana

El último documental de Chantal Akerman

No home movie
Chantal Akerman/ 2015/ Bélgica-Francia/ 115′

La madre y la hermana de la directora

La madre y la hermana de la directora

‘No home movie’* mira la intimidad de los últimos días de la madre de la directora belga-judía Chantal Akerman y de su relación.

En el cuadro de la cámara de Akerman el tiempo transcurre como en la vida: los detalles cotidianos se van en banalidades y los grandes momentos surgen espontáneamente, en gestos minúsculos.

El último documental de Chantal Akerman es denso, crudo y tierno. Su madre reaviva momentos adversos tras su sobrevivencia al campo de concentración de Auschwitz y conversan juntas de asuntos en apariencia triviales.

Mientas registra la vida en Bélgica con su madre, la señora Natalia, Akerman también viaja a lugares de los que llegamos a saber porque se los ha contado a su madre. Esa desnudez de la mirada no espectacular (y por la que fácilmente se podría traducir el nombre del documental a Esta no es una película casera) podría indicarnos el rostro crudo de la vida: todo artificio es temporal, la vida es un paso por el tiempo o la vida es cómo vivimos el tiempo y cualquier sitio puede ser un hogar -depende de cómo se lo (re)construya-.

En este sentido es rico presenciar la intimidad en la distancia y la cercanía de madre e hija. Ahí están la madre viviendo su espacio de confianza después de una experiencia tan traumática como el encierro con una latente amenaza de muerte y Akerman viviendo su nomadismo que siempre la lleva hacia su madre.

El documental no es fácil de digerir, el encierro de la casa de la madre de la directora parecieran empujar al espectador a salir de la sala, a respirar otra cosa. Y cuando sale lo hace en parajes desoladores que desalientan la mirada. ‘No home movie’ tiene escepticismo porque nos dice que el mundo de afuera está casi vacío y hacia dentro (en un apartamento acomodado) se puede encontrar un cálido refugio.

El documental se muestra como un retrato del lazo sentimental entre madre e hija y es la declaración última de amor de Akerman a su madre, antes de la muerte de su madre y de la propia directora.

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* No home movie bien se puede traducir como Esta no es una película casera o La película sin hogar. En sentido estricto sí sería una película casera, mas la carga emocional y las historias de la madre hacen que la imagen en movimiento tome otra forma: la de cómo se ha construido a esa imagen y cómo se la ha vivido en el tiempo. Lo que lleva a afirmar que ciertas experiencias de vida sobrepasan el fenómeno o fenómenos en los cuales se manifiesta. Así: una casa no solo sería una casa sino también la vida misma.

Hannah Arendt, inalcanzable

Vita activa – El espíritu de Hannah Arendt
Ada Ushpiz/ 2015/ Israel-Canadá/ 135′

Hannah Arendt, tomada de Zeitgeist Films

Hannah Arendt, foto tomada de Zeitgeist Films

La directora Ada Ushpiz nos quiere mostrar a una de las más grandes filósofas del siglo XX, la judío-alemana Hannah Arendt (1906-1975); pensadora esencial para comprender los tiempos modernos, la condición humana y la política. Sin embargo, Vita Activa – El espíritu de Hannah Arendt no pasa de unos brochazos mediocres de algo que no llega a ser una biografía ni un documental sobre el pensamiento filosófico de Arendt.

El inicio atrapa: un cuerpo, dos cuerpos, una fila entera, fosas, cientos de cuerpos sin vida; la superficie visible de la miseria humana que se ha manifestado en genocidios aún inenarrables como las matanzas perpetradas en el régimen nazi. Es difícil no pensar en la muerte que ronda todos los días en Alepo, el mar Mediterráneo o México; por nombrar tres sitios de un derrotero sin vuelta atrás, y que pobremente se pone en perspectiva para decir lo actual de la filósofa.

Arendt vivió los efectos del fanatismo ideológico del nazismo y lo estudió a fondo, desde la particularidad de sus orígenes judíos a lo universal de la maldad humana. Casi toda su obra la imprimó con espíritu crítico. Casi, porque formó parte –ingenuamente- del sionismo racista que luego criticó, algo que apenas se menciona en el documental. Así como otras aristas bastante criticables de Arendt, como su terquedad para aceptar el lado nazi de Martin Heidegger.

De la misma manera que Vita Activa engancha al público lo desencanta. Las imágenes duras sobre los campos de exterminio, los cadáveres de cientos de personas o los cuerpos aún con vida -pero en condiciones infrahumanas- parecen un relleno de una narración que tan solo encajaría en una discusión de intelectuales egoístas; puro onanismo. ¿Por qué? Porque en el documental el condumio del pensamiento de Arendt (centrado básicamente en abundantes citas textuales de la obra La banalidad del Mal) no se traduce a las posibilidades fílmicas.

Quizá el aporte más grande de Vita Activa es acercarnos levemente a la vida de Arendt y a tres temas: la pluralidad, el totalitarismo y el mal. No es ningún mérito que tenga imágenes inéditas sobre la vida temprana de la filósofa o que haya conseguido entrevistas que no están en YouTube, eso es un condimento de algo que pudo ser potente y que desmerece su pensamiento y sensibilidad. Como dijo la cinéfila Cristina Mancero este documental parece “un panfleto”.

Narrar visualmente y vivir la experiencia sensible e intelectual de una filósofa esencial como Arendt debe ser más que un amasijo (ordenado en su mayoría cronológicamente) de citas textuales, entrevistas, audios de cartas personales, imágenes de archivo e imágenes presentes.

El pensamiento filosófico en el cine tiene el reto de dejar su caparazón seguro y exclusivo de clave académica. Honestamente, Vita Activa parece un documental de televisión estadounidense hecho para algún público trasnochado de una universidad famosa por sus costos que hipotecan vidas. No hay riqueza visual, sonora ni diálogo alguno con la filosofía; Ushpiz ha hecho de su documental un simple objeto parlante.

Gato Salteado en un Mar de Soya

Foto: Rommel Barragán (cortesía).

Gato Salteado en la Casa Teatro Malayerba. Foto: Rommel Barragán (cortesía).

Caos, ruido y algarabía dominan la cocina de un restaurante chino-vietnamita en algún lugar del Ecuador. Su personal, seis personas que se reparten todas las tareas del minúsculo restaurante, es una orquesta sin sentido en pleno clímax de una gran sinfonía cotidiana: la comida. ¿Realmente serán así las cocinas de los restaurantes? ¿Desenfrenados trenes de locura con sonidos estruendosos y gritos que dan un compás que solo entiende el que está delante del fuego? Quizá no sea ley, pero en este espacio parece destino.

Las mujeres y los hombres del restaurante El Gato Salteado -chinos, vietnamitas o ecuatorianos, no lo sabemos- conviven en el lugar en el que trabajan, nos cuentan de su precariedad, sus dudas, sus ideas, los sueños y las frustraciones. Nada fuera de lo común. De hecho, son personajes tan cotidianos como accesibles, son esos seres que desde hace siglos deambulan por todo el globo terráqueo cargados de búsquedas.

En Gato Salteado en un Mar de Soya, obra de graduación de la última promoción de actores del Laboratorio Malayerba, conocemos las condiciones que enfrentan aquellas personas que se vieron obligadas a salir de sus lugares de origen para encontrar más estabilidad en sus vidas. El humor es la pimienta de esta obra, con ella se distancia del sufrimiento y el paternalismo que se le ha dado a la migración y no pierde el contacto con lo real. Pues bien sabemos que el humor “es relativismo, es la habilidad de verse a sí mismo como los otros te ven”, como dice el escritor judío-israelí Amos Oz.

Por eso no es difícil que el público conecte con la obra, con las cocineras, los meseros y con la mujer joven recién llegada, sin papeles, que –para su desgracia- está conociendo el dolor de muelas en un país que no entiende su inexplicable idioma y que además debe buscar a su hermana desaparecida.

Foto: Rommel Barragán (cortesía).

Foto: Rommel Barragán (cortesía).

Gato Salteado está llena de símbolos: la comida, por ejemplo, se vincula a las relaciones afectivas, a la amistad, al compartir. ¿Cómo sobrevivir sin comer? ¡Imposible! Sea con tenedores de plata o por sonda, pero se lo hace o se muere. Entonces el restaurante también nos dice del diálogo –no siempre armónico- entre pares, de las necesidades más básicas que hay que cubrir para sobrevivir y por último –con las diferencias que tenemos entre individuos y sociedades- la comida nos habla de la convivencia en comunidad.

Esta obra, lineal en su narración pero metahistórica en su intención, también se cocina de la popular fábula de Esopo de la cigarra y la hormiga. En ella dialogan moralidades en disputa: el goce de la vida o el sacrificio para vivir; y sin dictar sentencia alguna –intercalando con la historia del restaurante en contrapuntos escénicos, dancísticos y temporales sincronizados- deja que los espectadores se hagan su propio criterio de qué debería ser lo correcto. Sin embargo, se deslinda de la pedagogía tradicional de la fábula para dejar un final abrumador: ¿acaso no es perverso que no merezca la vida quien no se ha sacrificado hasta desaparecer? ¿no es inhumano dejar que la vida esté más abajo que un papel burocrático o que incluso no tenga valor alguno para que un cuerpo sea tratado como muñeco de trapo?

Gato Salteado es una obra teatral redonda: nos cuenta una historia muy humana tantas veces contada, va de un tiempo a otro entre la tragedia, la moraleja, el humor de lo absurdo y con una gran dosis de humanismo.

Gabriela Toro Aguilar
Abril, 2016.

* * *
Dirección: Santiago Villacís, Arístides Vargas y Cristina Marchán.

Actúan: Diana Barragán, Francisca Espinoza Iza, Verónica Guevara, Marlon Nazate, Hernán Reyes y Cristina Taipe

Actrices invitadas: Cristina Figueroa y Milagros Ribadeneira.

Asesoría en actuación: Rosario Francés.

By the sea – Frente al mar

Angelina Jolie Pitt
2015/ 132’

Fotograma de Frente al Mar (By the Sea), dirigida por Angelina Jolie Pitt, tomada de thewrap.com

Fotograma de Frente al Mar (By the Sea), dirigida por Angelina Jolie Pitt, tomada de thewrap.com

Vanessa y Roland están de vacaciones en un hermoso pueblo francés, son los años 70 y su matrimonio está en pleno declive; el estado de las cosas cambia cuando en la habitación de al lado se hospeda una pareja joven de recién casados.

El pretexto para pasar los días lejos de Nueva York es que Roland (Brad Pitt) intente escribir, pues su carrera atraviesa un momento de estancamiento y frustración -mezclado con alcoholismo. Vanessa (Angelina Jolie Pitt), en cambio, es una exbailarina que pareciera estar al borde del suicidio y la neurosis. Los recién casados: Lea (Mélanie Laurent) y François (Melvil Poupaud) -y el sexo de la luna de miel- encienden en la sedentaria Vanessa un interés malsano. Ella los espía por un agujero que da a la habitación de la joven pareja y es ahí donde se desata una leve posibilidad de cambiar el lánguido panorama de los artistas neoyorquinos. Para rematar el paisaje idílico del pueblo junto al mar, a ninguno de los dos los salva su vida burguesa: un automóvil de colección, gafas únicas, ropa de marca, máquina de escribir fuera de serie, el departamento frente al mar en un hotel de lujo y más de cuatro cocteles diarios.

Insinuaciones apoyadas en bajos auditivos muy fuertes, así como en tomas furiosas y rápidas de algo similar a los latidos de un corazón, dan pie para un giro en la tercera película que escribe y dirige Jolie Pitt. Pero no, es una espera tan larga como las tomas donde se ve a Vanessa reposar de tal modo que la cámara contemple su cuerpo. Algo que, lamentablemente, no pasará de ser parte del decorado; porque no tiene más función en la historia que decirnos quién es fuera de pantallas: una estrella de la constelación del mainstream actuando mediocremente para una película con aires de cine arte. O, en tal caso, nos dice mucho del narcisismo de Vanessa, lo que tampoco enriquece, pero que acerca a un gesto de esta época: narcisismo no es autoestima.

La actuación de Pitt tampoco sobresale, porque si no hay una historia sólida ¿cómo puede haber interpretación que la mantenga? En By The Sea (Frente al Mar) lo más destacable podría ser ese símil de cueva o caja de pandora que representan Lea y François para Vanessa y Roland; además del gran trabajo del director de fotografía Christian Berger.

Para resumir, Frente al mar es: mediocridad, voyerismo y narcisismo. Todo lo demás es pretensión.

Gabriela Toro Aguilar
Enero, 2016.