Rosa

Rosa, el velo de la memoria

Fotos y texto: Gabriela Toro Aguilar

Rosa, en el poco espacio que tiene, se pasea por sus recuerdos. Espacio estrecho el de su memoria, porque el Alzheimer se lleva lo poco que recuerda, le devuelve lo vivido en pequeñas luces puntiagudas y la encierra hasta llevarla a la única salida: una comprensión dolorosa de la vida, no menos liberadora -aunque sea por momentos-.

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Bajo la dirección de Alejandra Albán y con la actuación y la dramaturgia de Pablo Tatés Anangonó, Rosa es la nueva puesta en escena de Teatro en Casa (Benalcázar N8-27 y Manabí, Centro Histórico). La obra teatral hace un recorrido por varios momentos históricos del pueblo Afro en algunos puntos del continente americano. En sí, es la voz de una anciana Rosa Parks la que viaja por los episodios de la esclavitud en Ecuador, Colombia y Estados Unidos, sobre todo. Se rescata a viva voz lo que aún niegan las historias: las mujeres negras que dieron hasta el último segundo de sus vida por la libertad en Esmeraldas, Venezuela, Haití, Colombia, y otras latitudes; lo que también dice del trabajo de investigación de la obra de Tatés que no puede pasar por alto para cualquier historiadora o historiador que esté tras las expresiones culturales del pueblo Afro.

Si bien su fuerte es el contenido social no se contiene en ese gran campo. La memoria, la desmemoria, el olvido y las trampas de la cabeza para evitar el dolor se tornan hacia el trabajo del cuerpo del actor, y su expresión. En efecto, es difícil desprenderse de la angustia y las emociones de Parks cuando se traslada a lo más íntimo de la resistencia negra a la esclavitud o la discriminación. Sus pasos cortos, lentos, pero firmes son una metáfora de esa batalla diaria al odio, con su palabra hecha carne: racismo. Se mueve hacia quienes ven el dolor de los cuerpos en conflicto. El sentido ya no pasa sólo por lo racional, porque aunque hayan explicaciones no se comprenden las torturas de la ignorancia y el odio. El efecto de poner al vacío al público se logra, y también se anuncia en los juegos de tela que hace la protagonista: vacilante, desafiante, juguetona y en la horca.

Por otro lado, la música hace de contrapuntos en la historia; las canciones son alegres y nombran a la melancolía, hablan de una salida con menton erguido y sonrisa amplia, y son estallidos inevitables y renovadores. El blues y el jazz van de la mano para que Rosa cuente esa historia que no la deja tranquila en su taller, pero que recuerda con mucho esfuerzo y se multiplica hasta un gran clamor que no solo le pertenece a ella. He ahí la riqueza de esta obra, porque expresa en el cuerpo el dolor del racismo y a su vez se propaga para comprender las secuelas del odio, sea cual sea su nombre.

El último viaje de Saramago

Una de las ilustraciones de Günter Grass. Tomada de: www.publico.pt

Una de las ilustraciones de Günter Grass. Tomada de: http://www.publico.pt

Reseña para El Comercio (Ecuador)
Gabriela Toro Aguilar

José Saramago al inicio del diario de su última novela se pregunta “por qué nunca se ha producido una huelga en una fábrica de armas”. Aquella inquietud anecdótica, producto de varias lecturas y películas que había visto el nobel portugués, lo llevó a su último viaje literario.

En ese diario el lector ya ve a un Saramago emocionado “es posible, quien sabe, que quizá pueda escribir otro libro”. Las dolencias de la leucemia crónica que aceleró su muerte eran una seguridad fatal; en más de una ocasión tuvo que dejar la planificación de la escritura de ‘Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas’.

Y aún así ya tuvo, desde un inicio, una trama clara. Artur Paz Semedo, oficinista del departamento de facturación de armamento ligero y municiones anhela el cargo de facturación de una de las secciones de armas pesadas de Producciones Belona S. A., empresa que lleva décadas en el mercado bélico. Su esposa, pacifista convencida, se separa de Paz Semedo por la insoportable convivencia con el trabajador de esta empresa armamentística; lo que desata entre ambos una serie de eventos cada vez más comprometedores.

Con su característico lenguaje sencillo, Saramago dibuja los perfiles de sus protagonistas. La mujer lleva en sí la frontalidad y la inconformidad que empujarán a Paz Semedo ir más allá de su pasiva satisfacción laboral, arista que también está presente en otros personajes femeninos de la pluma de Saramago. Mientras que el contador va de un hombre de pocas palabras y pocas preguntas, a un ser más inquieto, al que todavía le quedan por resolver los misterios que se han puesto en su camino de trabajador de mediana categoría.

Ahí está latente la densidad saramaguina, una vez más expone al ciudadano ejemplar, envestido con las convenciones sociales y el rígido seguimiento de la ley, a la ruptura de lo establecido. Lo correcto: seguir a cabalidad cada procedimiento y función que debe hacer Paz Semedo, o lo impensable: dudar de su trabajo, dudar de su jefe y de la empresa para la que trabaja por años.

El contador de Belona S. A. recuerda al hombre de la novela ‘Todos los nombres’. El enigmático y parco Don José no está lejos de Artur Paz Semedo; los dos escarban en asuntos aparentemente imprecisos para encontrar indicios de aquello que les lleve al próximo peldaño. Saramago da giros a sus personajes, y de lo poco que se ve a Paz Semedo se puede especular que podría haber sido una gran novela, o al menos así lo han señalado algunos críticos.

Pero no pasará de eso: una especulación. Lo cierto es que sin los fragmentos del diario literario del portugués, más los textos de Roberto Saviano y Fernando Gómez Aguilera (destacando los relatos de Saviano a manera de crónicas) y las ilustraciones de Grass, lo que quedó de ‘Alabardas, alabardas’ no tiene aun peso.

Al novelista le faltó tiempo, con una trama ya construida, con personajes ya dispuestos a recorrer los recovecos de una historia de intriga, con un ambiente enriquecido con tintes de novela policiaca y con toques de humor negro, definitivamente ‘Alabardas, alabardas’ se proyectaba como una gran propuesta narrativa. Eso sí, este es un libro de colección, para tener en manos lo último del sutil y profundo Saramago.

* Publicado el Lunes 6 de abril del 2015, en la sección Cultura de El Comercio (Ecuador).

Poso Wells – Fragmento

Poso Wells de Gabriela Alemán, 2007.
Eskeletra, Quito – Ecuador.
Novela.

“Le gustaba cuando la prensa hacía bien su trabajo. Nadie podría desbaratar ese acuerdo firmado y sellado por ambos estados; lo de Ecuador era todavía una aguja en un pajar. Demasiados huecos negros, demasiados vacíos legales que no dejarían explotar las minas en paz. Pero no había apuro, para eso existía la tecnología satelital y él tenía en su poder un mapa de Ecuador con todos sus depósitos mineros resaltados en una gran gama de colobres brillantes y, eran muchos. Sólo sería cuestión de tiempo, de esperar que llegara el gobierno adecuado, de convencer a unos cuanos inversores, de publicitar los beneficios y que los crédulos habitantes del país se los creyeran. Todo eso lo hacía él en un día de trabajo, pero eso no sería ahora, no en el presente, sino en el futuro. ¡Ah el futuro! El futuro se abría como un gran amasijo de posibilidades. Buscó su asiento y una vez en él, le pidió una copa de champagne a la azafata.”

Sentir

Él-Siente

Él Siente. Guayaquil, 2013. Gabriela Toro Aguilar.

Frente a sus ojos (en mi recuerdo) está el gran edificio de la Seguridad Social. Sus ojos de desidia derriban el armatoste burocrático, así lo creo. Apenas se da cuenta de que lo miramos, desvía nuestra atención, sigue alimentando a las palomas como si nada.
***

De aquí a poco acaba el día.
Yo no hice nada.
¿Y qué cosa es la que haría?
Fuese cual fuese, equivocada.

Muy pronto la noche viene,
mas sin razón
para aquel que sólo tiene
que contar su corazón.

Y tras la noche y dormir
renace el día.
Nada haré sino sentir
Pero ¿qué otra cosa haría?

Pessoa

Crear es

* Voy a crear lo que me pasó. Sólo porque vivir no es narrable. Vivir no es vivible.Tendré que crear sobre la vida. Y sin mentir. Crear sí, mentir no. Crear no es imaginación, es correr el gran riesgo de poseer la realidad. Entender es una creación, mi único modo. Con esfuerzo necesitaré traducir señales de telégrafo -traducir lo desconocido a una lengua que desconozco, y sin ni siquiera entender para qué sirven las señales. Hablaré en ese lenguaje sonámbulo que si estuviese despierta no sería lenguaje. *

Clarice Lispector.

pd: El énfasis es mío

(La leo con voraz necesidad de despojarme de alguna capa de piel, todavía irreconocible, pero ciertamente urgente. Despojo, eso creo, poco a poco, mi voz que no es mi voz: una tristeza que no es mía, que la he dejado pegarse. Por ahí van las lecturas, para tocar tierra.)

Muévete
Guayaqui, que se mueve, yo que no entiendo y sonrío.
Foto: Gabriela Toro Aguilar, febrero 2014. Guayaquil

Siluetas

El frío era todo en la terraza, pero igual quisimos escapar. Irse de nosotros, irse de las minucias problemáticas, del encierro de la vista bonita, irse nada más. Agarré la cámara, como siempre fumé de sus cigarrillos y la tomé. Ahí se fue otro segundo de nuestras vidas.

Silueta 1, diciembre 2013.

Silueta 1, diciembre 2013.

Foto y texto: Gabriela Toro Aguilar. Quito, Ecuador.

* * *
Pausas. He estado en ellas. Ahora me ocupa más el tiempo que paso en el periódico, la redacción, las reporterías y ese trabajo de hormiga que es el periodismo. Y por eso ahora como parte del blog también incluyo ese “soy la responsable de todo lo que digo aquí”, siempre ha sido así pero es mejor dejarlo en claro.

El tiempo no es la justificación (para dejar botado el blog, para no darme más minutos de los que puedo…) pero los días no dan. Mientras tanto, desempolvo mis archivos digitales, e iré subiendo algunas fotos guardadas, también una que otra reseña crítica, creo que compartiré más videos y tal vez citas o poemas enteros (se me va el rechazo que he tenido a compartir citas, como lo hacen muchísimos blogs).

Casi olvido, abrí una cuenta en twitter del blog: twitter.com/DesbordesBlog. La idea es subir las cosas que me alimentan (que dan algo a todo esto de la bitácora), compartir lo que no puedo mientras vivo fuera de la pantalla -como lo hago acá y creo que lo haré mucho más-, y claro, darle al ocio que crea.

Al Desnudo

Al Desnudo

Stand Up Comedy de Andrea Ordoñez (guión e interpretación), actriz quiteña radicada en Guayaquil.

“AL DESNUDO” es un stand up comedy dirigido a todas las mujeres del mundo.

Ríete y desnuda tu pensamiento.
Este Jueves 29 de mayo, en el Guayaquil Social Club alas 22:00
Loja 304 y Rocafuerte

Una opción distinta de entretenimiento

Secretos del Yasuní

Secretos del Yasuní

Carlos Andrés Vera

Ecuador/2014/78′

Fotograma de la entrevista a Alicia Cahuia, dirigente Wuaorani

Este documental del director y comunicador ecuatoriano Carlos Andrés Vera es una serie de entrevistas a conocedores del Parque Nacional Yasuní, la primera Reserva de Biósfera del Ecuador, uno de los lugares más biodiversos del mundo y territorio de los últimos pueblos en aislamiento voluntario del país Sudamericano, los Tagaeri y Taromenani, familia de la gran nacionalidad Wuaorani.

En el 2007 organizaciones sociales y ONGs impulsaron la campaña ‘El Yasuní Depende De Ti’ para evitar la explotación petrolera de los campos petroleros (la repetición no es un error estilístico, da cuenta de las contradicciones entre la conservación ambientalista, la ética y la pragmática política) Ishpingo, Tambococha y Tiputini, más conocidos como Bloque 43; aunque ya existía actividad hidrocarburífera en el Parque Yasuní, los campos ITT están en la zona más frágil y biodiversa y aparentemente no habían sido intervenidos. Ese es un sitio que se ha conservado tal cual desde el Pleistoceno, cuando en el periodo cuaternario la Tierra se vio afectada por grandes cambios climáticos. En suma, el Parque Nacional Yasuní es el oasis de un desierto de depredación social y ambiental.

El gobierno ecuatoriano tomó la campaña a finales del 2007, en parte tomando la buena voluntad de Alberto Acosta, ministro de Economía de aquel tiempo, lo llamaron ‘iniciativa Yasuní-ITT’. Mientras vendían confusamente la idea a gobiernos progresistas o con grandes capitales de inversión grandes noticias en letras pequeñas y de párrafos cortos circulaban en algunos periódicos: el crudo del ITT será tratado por la refinería del Pacífico con ayuda de Venezuela, Ecuador firma convenios financieros con China, los fideicomisos demoran en ser negociados, el crudo del ITT es pesado y muy caro de procesar, muertes de Taromenanis, enfrentamientos entre madereros ilegales y Wuaoranis en el Parque Nacional Yasuní, avistamientos de pueblos en aislamiento, etc.

Finalmente en agosto del 2013 el presidente Rafael Correa Delgado anuncia con disimulada pena la decisión de extraer del crudo de los campos ITT. Ahí es cuando Carlos Andrés Vera, quien ya dirigió un documental sobre la desaparición de los pueblos en aislamiento voluntario en el 2007, decide entrevistar a personas expertas en varios temas alrededor de la explotación en el Yasuní, los pueblos en aislamiento voluntario, el paradigma del desarrollo económico, la violación al derecho internacional y a los tratados que ha suscrito Ecuador como Estado, etc.

Con una puesta en escena ascética bastante intencionada, un permanente fondo negro que ubica a los entrevistados frente a las cámaras solo con la fuerza de sus discursos, la información (difícilmente publicada y debatida en los medios de comunicación más convencionales) se despliega bajo fundamentos que deberían ser diálogos obligatorios pero que por el momento han sido censurados, y tal como cuenta Eduardo Pichilingue (uno de los entrevistados, primer encargado de elaborar las medidas cautelares para la protección de los pueblos en aislamiento) hasta han sido obligados a falsear información científica, verificada y con pruebas contundentes.

Aunque el documental por momentos baje su intensidad, todas las entrevistas tienen apreciaciones relevantes para conocer un poco más sobre lo que acontece al norte de la Amazonía ecuatoriana. Una de las tónicas principales que recorre todas las entrevistas es el tema de la memoria y el conocimiento, ya no como razonamiento lógico sino como aprehensión y experiencia. Ningún ministro, ministra ni el mismo presidente conocen ese lugar del país, han negado su existencia pero también han tratado de desaparecer los documentos donde constan los conflictos entre los pueblos en aislamiento voluntario y las petroleras ya existentes. Se insiste en el desconocimiento de las culturas Tagaeri y Taromenani, y eso es más que cierto, la sociedad ecuatoriana ni la academia tiene idea de la visión del mundo de los pueblos en aislamiento, hay acercamientos pero no hay datos verificables.

Su negación evidencia la herida del racismo que continúa arrastrándose entre la clase política dirigente, que como dice Migue Ángel Cabodevilla (experto en el tema de los conflictos sociales que rodean a los Tagaeri y Taromenani) prefieren salvar a una tortuga que ha pueblos que se han resistido por más de tres mil años al sistema de vida de cualquier sociedad, y en especial de la “vida moderna”. Un mensaje entre líneas se cola en las entrevistas: el gobierno está asegurando una de las matanzas más grandes de la historia ecuatoriana, el paradigma del desarrollo (antes promocionado por las dictaduras militares, nos dice un entrevistado) rechaza otras posibilidades ya existentes de sostener una economía, pero también  es capaz de quebrantar con uno de los últimos reductos más biodiversos del mundo y de amenazar los sistemas de vida de tantas nacionalidades indígenas y de colonos que dependen del equilibrio del Parque Nacional Yasuní.

Secretos del Yasuní, es un proyecto en progreso que el director Carlos Andrés Vera continúa trabajado, y definitivamente será un documento importante para recordar las acciones de la clase política actual, así como la firmeza de quienes defienden sus principios frente al embate del poder.

Pd. En este enlace se encuentran todas las entrevistas: http://polificcion.wordpress.com/2014/02/25/804/

Gabriela Toro Aguilar. Quito-Ecuador

La música de la selva

Song from the forest

Michael Obert
Alemania-República Centroafricana-Estados Unidos/2013/96′

Creí que otra vez llegué tarde a la función, mi primera de los EDOC13. La percepción del tiempo cambia con las valoraciones de nuestros actos, con las expectativas del día o en el movimiento del entorno, eso que Heidegger llamaba el mundo circundante. Estuve a tiempo y hasta pude tomar el sitio perfecto, mas eso importa solo si acercarse al mundo de Song from the forest remueve algo en las entrañas.

Louis Sarno llegó hace más de veinte años a las selvas de la República Centroafricana, recuerda con claridad el riachuelo donde empezó el trayecto que cambiaría su vida, el mismo que recorre cada vez que regresa de Estados Unidos, el camino donde encontró las palabras de un sabio anciano Bayaka que nunca dejó su selva. Cuando conoció a los Bayaka se enamoró de su música, y siguiendo el sueño de ser compositor ha grabado centenas de canciones de música pigmea (él es una especie de Alan Lomax de la música pigmea). Louis ya no es tan joven para continuar grabando las canciones de la selva, como no puede cazar ayuda en la comunidad llevando a los niños a la escuela o llevando a la gente enferma al centro de salud, además es padre de Samadi, un niño Bayaka a quien ha prometido llevar a Nueva York.

Las primeras tomas de Song from the forest abren la experiencia visual y sonora a un mundo entrañable, luces y sombras traspasan espesas capas de ramas, hojas y arbustos, la cámara se tambalea muy suave como si la mirada posara en una raíz colgante bañada por la neblina tropical. Los sonidos de las voces, los melódicos golpes metálicos con el roce de las manos en las superficies de tambores, las notas provocadas por instrumentos de los cuales se desconoce su nombre más las improvisaciones de los cantos hacen de la música de los Bayaka una manifestación épica, un recorrido sonoro por paisajes y vivencias históricas sin fechas, pero con un lugar innegable: la selva.

Michael Obert toma a su público y lo suspende, ese es un modo de introducir la mirada a un mundo ajeno, siempre soñado, temido y desconocido, ese mundo que Louis Sarno se arriesgó a vivir y del cual no sabe su futuro. Los amigos y familiares de Louis, con el paso del tiempo, aceptan y comprenden su amor a los Bayaka, su selva y la música; hay momentos en que la voz de una mujer nos relata anécdotas de Louis, y a su vez las sobrepasa y lleva al nivel de experiencia, él es como un juglar del presente, y eso tiene sus riesgos. Además de la preocupación por su salud, por el bienestar del pueblo Bayaka o por el futuro de Samadi, otros acontecimientos se integran a esta composición fílmica tan atenta: la incertidumbre ya no es un elemento mágico, se ha convertido en algo tan violento que su comprensión parece inalcanzable.

Los ojos de Louis, Samadi, los niños y las mujeres Bayaka albergan una intimidad tan perturbante como acogedora; mediante primeros planos de aquellos ojos, la mirada transita entre la intimidad del vínculo con el territorio (la música es su máxima expresión) y el temor a la violencia del mundo exterior, esa incertidumbre cada vez más cercana. Se trasponen imágenes de Nueva York, con Samadi absorto por momentos pero no tan sorprendido, de fondo la música pigmea de los Bayaka y poco a poco nos acercamos a uno de los momentos más álgidos de Song from the forest, con un ritmo similar a la música de la selva Obert abre otro mundo: el conocido y violento, su máxima es el traslado del sonido urbano (buses, pitos de carros, turbinas, las llantas sobre el asfalto) mientras el público observa el tupido bosque centroafricano y la mirada de una de las mujeres de la comunidad mina la sensación de certeza del mundo como lo conocemos.

Fotograma de SFTF

Fotograma de SFTF

Gabriela Toro Aguilar. Quito – Ecuador