Otra cara

Chandui_1Foto: Gabriela Toro Aguilar. Enero 2014

Sólo sé que soy fulgurante huésped del tiempo,
pariente consanguineo del olvido,
y sólo sé que un dios de desvelados cuchillos
              y planetas,
dividió en mí,
    -al quedarse desahuciado de infinito-,
su sombra y su costado,
y por darme la vida,
  me dió su herida

Alberto Ordóñez Ortiz. El inquilino de la Soledad. 1984

***
En un brazo de mar que hace de piscina sin paredes y manglar medio muerto encontré esta otra cara de la puesta del sol, otra vez cerca del Pacífico -a unos cuantos pasos en realidad- pero desde un punto muy distinto. Este no es destino turístico y los pocos hoteles que algún día estuvieron atestados son columnas y cuartos comidos por la brisa salada y las estaciones.

Todo tiene un halo de nuevo a mis ojos -estos que sin embargo no son míos-, aunque sepa y conozca el cemento, el hierro oxidado, la madera humedicida por el tiempo, las conchas y el plástico traído por el mar; están ahora en otro orden que me desubica y no desconcierta.

¿Será la calidez de un otro tiempo? Está marcado por el calendario, artificio de la razón humana para organizarse entre la nada, pero a que sí, es invierno en la costa y las golondrinas, los gallinazos, las gaviotas y los pelícanos sobrevuelan tan cerca. Todo es, al fin y al cabo, un llamado de atención. Como el sueño de hoy: yo manejando un bus urbano sin saber cómo manejarlo, con tanta gente adentro y en lomas enormes, negras por la noche y brillantes por los inventos. No queda más: hacerse el camino aunque se borren las huellas, llevar las riendas y la ruta en el mar contaminado, encontrarse con los autores, verles la cara, sabernos enemigos y seguir viviendo.

Despedida y bienvenida atrasada, pero ya está. Empezamos otra vez,
Gabriela Toro Aguilar

El callejón

Foto: Gabriela Toro Aguilar
Octubre 2013

***
Noticia del Aire

Este es el aire:
el catafalco de cristal
que no eludió al gusano ni a la iglesia,
que no negó su sala al buitre ni al heraldo,
que no dejó sin besos a la vela boreal.
El mar veloz que a todos comunica,
regazo luminoso para el ala y el vértigo,
el palacio del eco, la nave de los gritos
que da música al árbol y bríos a la espuma.

El aire, el aire, el aire,
padre del hombre, abuelo de los peces,
hijo de los planetas
y del tiempo.

Roque Dalton

O.

Pasaron dos o una hora esperando la habitación. Todo el trayecto a O. había sido un ventanal de todo lo humano en ansiedad: la felicidad de lo incierto en una aventura de la que ya no me podía desembarcar; sería un naufragio, una prolongación de una incapacidad tan patética como para nombrarla.

Ya frente al Pacífico nos recibieron cielo con agua y sus vaivenes nublados tocándose copiosos. El olor de la sal, los granos de arena y su brillo gris de playa sin sol eran mi abismo. Todo o nada. Aunque vestida era vulnerable a cualquier gesto, desnuda a la más tímida mirada de aquel hombre, un ser indescriptible venido del puerto de dos océanos separados por un continente, separados por los años. Años los míos sin saltos abruptos en el pecho, de ver luces centelleantes en la retina, de no luchar por la cobija.

Cómo llamar ese todo de pasar por las tormentas, de matar ídolos, de comerse los errores propios, y en un encuentro feliz y solitario coincidir con un otro para ya no ser los mismos.

Ahora no sé dónde estoy -quizá nunca lo he sabido-, me reconozco todavía y con más sonrisas, pero sigo sin saber qué pasa. Es una sorpresa, el abrigo de otro errante.

Mientrasestabas

Mientras estabas en el baño
Julio 2013, Gabriela Toro Aguilar

Lucrecia Martel

A veces, raras veces, en un fragmento de diálogo, en una coincidencia de sonidos, en una imagen incomprensiblemente familiar, se asoma el artificio de la realidad.
Toda nuestra potencia y el misterio del fin están en esas rajaduras.
El cine me permite buscarlas y a veces, raras veces, encontrarlas.
Pero duran muy poco y me las olvido.

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Sometimes, rarely, in a piece of dialogue, in the coincidence of sounds, in an incomprehensible familiar image, the artifice of reality pokes out. All of our power and the mistery of the end lie in those cracks. Making movies allows me to look for them and sometimes, rarely, find them. But they don’t last long and I forget them.

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Directora y guionista de La Ciénaga (2001), La niña santa (2004) y La mujer sin cabeza (2008).

Trad. Malena Higashi

Los cambios y las luchas no se construyen sobre la muerte

Originalmente publicado en :

Queremos primero comenzar diciendo que esto es extremadamente doloroso para todos los que conformamos Andando en Bici Carajo (ABC), como también para el resto de personas que tenemos una sensibilidad y un compromiso con la bicicleta y los peatones. Sin el afán de hacer una crónica visceral,  hemos decidido ir a ver lo sucedido con el accidente del domingo, la escena recurrente, una familia con un dolor inexplicable, tratando de mover todo para poder darle a su familiar como ellos dicen una santa sepultura.

Por otra parte la astucia de los infractores para querer salir sin culpabilidad, cosa que solo se puede determinar con las investigaciones, el parte, el proceso judicial. Nos duele pensar que, día, tras día, tras día, seguimos siendo una foto mas en un periódico o una noticia, estamos cansados de ver que la cara de  la convivencia no cambia, vivimos en una estructura social…

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