Secretos del Yasuní

Secretos del Yasuní

Carlos Andrés Vera

Ecuador/2014/78′

Fotograma de la entrevista a Alicia Cahuia, dirigente Wuaorani

Este documental del director y comunicador ecuatoriano Carlos Andrés Vera es una serie de entrevistas a conocedores del Parque Nacional Yasuní, la primera Reserva de Biósfera del Ecuador, uno de los lugares más biodiversos del mundo y territorio de los últimos pueblos en aislamiento voluntario del país Sudamericano, los Tagaeri y Taromenani, familia de la gran nacionalidad Wuaorani.

En el 2007 organizaciones sociales y ONGs impulsaron la campaña ‘El Yasuní Depende De Ti’ para evitar la explotación petrolera de los campos petroleros (la repetición no es un error estilístico, da cuenta de las contradicciones entre la conservación ambientalista, la ética y la pragmática política) Ishpingo, Tambococha y Tiputini, más conocidos como Bloque 43; aunque ya existía actividad hidrocarburífera en el Parque Yasuní, los campos ITT están en la zona más frágil y biodiversa y aparentemente no habían sido intervenidos. Ese es un sitio que se ha conservado tal cual desde el Pleistoceno, cuando en el periodo cuaternario la Tierra se vio afectada por grandes cambios climáticos. En suma, el Parque Nacional Yasuní es el oasis de un desierto de depredación social y ambiental.

El gobierno ecuatoriano tomó la campaña a finales del 2007, en parte tomando la buena voluntad de Alberto Acosta, ministro de Economía de aquel tiempo, lo llamaron ‘iniciativa Yasuní-ITT’. Mientras vendían confusamente la idea a gobiernos progresistas o con grandes capitales de inversión grandes noticias en letras pequeñas y de párrafos cortos circulaban en algunos periódicos: el crudo del ITT será tratado por la refinería del Pacífico con ayuda de Venezuela, Ecuador firma convenios financieros con China, los fideicomisos demoran en ser negociados, el crudo del ITT es pesado y muy caro de procesar, muertes de Taromenanis, enfrentamientos entre madereros ilegales y Wuaoranis en el Parque Nacional Yasuní, avistamientos de pueblos en aislamiento, etc.

Finalmente en agosto del 2013 el presidente Rafael Correa Delgado anuncia con disimulada pena la decisión de extraer del crudo de los campos ITT. Ahí es cuando Carlos Andrés Vera, quien ya dirigió un documental sobre la desaparición de los pueblos en aislamiento voluntario en el 2007, decide entrevistar a personas expertas en varios temas alrededor de la explotación en el Yasuní, los pueblos en aislamiento voluntario, el paradigma del desarrollo económico, la violación al derecho internacional y a los tratados que ha suscrito Ecuador como Estado, etc.

Con una puesta en escena ascética bastante intencionada, un permanente fondo negro que ubica a los entrevistados frente a las cámaras solo con la fuerza de sus discursos, la información (difícilmente publicada y debatida en los medios de comunicación más convencionales) se despliega bajo fundamentos que deberían ser diálogos obligatorios pero que por el momento han sido censurados, y tal como cuenta Eduardo Pichilingue (uno de los entrevistados, primer encargado de elaborar las medidas cautelares para la protección de los pueblos en aislamiento) hasta han sido obligados a falsear información científica, verificada y con pruebas contundentes.

Aunque el documental por momentos baje su intensidad, todas las entrevistas tienen apreciaciones relevantes para conocer un poco más sobre lo que acontece al norte de la Amazonía ecuatoriana. Una de las tónicas principales que recorre todas las entrevistas es el tema de la memoria y el conocimiento, ya no como razonamiento lógico sino como aprehensión y experiencia. Ningún ministro, ministra ni el mismo presidente conocen ese lugar del país, han negado su existencia pero también han tratado de desaparecer los documentos donde constan los conflictos entre los pueblos en aislamiento voluntario y las petroleras ya existentes. Se insiste en el desconocimiento de las culturas Tagaeri y Taromenani, y eso es más que cierto, la sociedad ecuatoriana ni la academia tiene idea de la visión del mundo de los pueblos en aislamiento, hay acercamientos pero no hay datos verificables.

Su negación evidencia la herida del racismo que continúa arrastrándose entre la clase política dirigente, que como dice Migue Ángel Cabodevilla (experto en el tema de los conflictos sociales que rodean a los Tagaeri y Taromenani) prefieren salvar a una tortuga que ha pueblos que se han resistido por más de tres mil años al sistema de vida de cualquier sociedad, y en especial de la “vida moderna”. Un mensaje entre líneas se cola en las entrevistas: el gobierno está asegurando una de las matanzas más grandes de la historia ecuatoriana, el paradigma del desarrollo (antes promocionado por las dictaduras militares, nos dice un entrevistado) rechaza otras posibilidades ya existentes de sostener una economía, pero también  es capaz de quebrantar con uno de los últimos reductos más biodiversos del mundo y de amenazar los sistemas de vida de tantas nacionalidades indígenas y de colonos que dependen del equilibrio del Parque Nacional Yasuní.

Secretos del Yasuní, es un proyecto en progreso que el director Carlos Andrés Vera continúa trabajado, y definitivamente será un documento importante para recordar las acciones de la clase política actual, así como la firmeza de quienes defienden sus principios frente al embate del poder.

Pd. En este enlace se encuentran todas las entrevistas: http://polificcion.wordpress.com/2014/02/25/804/

Gabriela Toro Aguilar. Quito-Ecuador

La música de la selva

Song from the forest

Michael Obert
Alemania-República Centroafricana-Estados Unidos/2013/96′

Creí que otra vez llegué tarde a la función, mi primera de los EDOC13. La percepción del tiempo cambia con las valoraciones de nuestros actos, con las expectativas del día o en el movimiento del entorno, eso que Heidegger llamaba el mundo circundante. Estuve a tiempo y hasta pude tomar el sitio perfecto, mas eso importa solo si acercarse al mundo de Song from the forest remueve algo en las entrañas.

Louis Sarno llegó hace más de veinte años a las selvas de la República Centroafricana, recuerda con claridad el riachuelo donde empezó el trayecto que cambiaría su vida, el mismo que recorre cada vez que regresa de Estados Unidos, el camino donde encontró las palabras de un sabio anciano Bayaka que nunca dejó su selva. Cuando conoció a los Bayaka se enamoró de su música, y siguiendo el sueño de ser compositor ha grabado centenas de canciones de música pigmea (él es una especie de Alan Lomax de la música pigmea). Louis ya no es tan joven para continuar grabando las canciones de la selva, como no puede cazar ayuda en la comunidad llevando a los niños a la escuela o llevando a la gente enferma al centro de salud, además es padre de Samadi, un niño Bayaka a quien ha prometido llevar a Nueva York.

Las primeras tomas de Song from the forest abren la experiencia visual y sonora a un mundo entrañable, luces y sombras traspasan espesas capas de ramas, hojas y arbustos, la cámara se tambalea muy suave como si la mirada posara en una raíz colgante bañada por la neblina tropical. Los sonidos de las voces, los melódicos golpes metálicos con el roce de las manos en las superficies de tambores, las notas provocadas por instrumentos de los cuales se desconoce su nombre más las improvisaciones de los cantos hacen de la música de los Bayaka una manifestación épica, un recorrido sonoro por paisajes y vivencias históricas sin fechas, pero con un lugar innegable: la selva.

Michael Obert toma a su público y lo suspende, ese es un modo de introducir la mirada a un mundo ajeno, siempre soñado, temido y desconocido, ese mundo que Louis Sarno se arriesgó a vivir y del cual no sabe su futuro. Los amigos y familiares de Louis, con el paso del tiempo, aceptan y comprenden su amor a los Bayaka, su selva y la música; hay momentos en que la voz de una mujer nos relata anécdotas de Louis, y a su vez las sobrepasa y lleva al nivel de experiencia, él es como un juglar del presente, y eso tiene sus riesgos. Además de la preocupación por su salud, por el bienestar del pueblo Bayaka o por el futuro de Samadi, otros acontecimientos se integran a esta composición fílmica tan atenta: la incertidumbre ya no es un elemento mágico, se ha convertido en algo tan violento que su comprensión parece inalcanzable.

Los ojos de Louis, Samadi, los niños y las mujeres Bayaka albergan una intimidad tan perturbante como acogedora; mediante primeros planos de aquellos ojos, la mirada transita entre la intimidad del vínculo con el territorio (la música es su máxima expresión) y el temor a la violencia del mundo exterior, esa incertidumbre cada vez más cercana. Se trasponen imágenes de Nueva York, con Samadi absorto por momentos pero no tan sorprendido, de fondo la música pigmea de los Bayaka y poco a poco nos acercamos a uno de los momentos más álgidos de Song from the forest, con un ritmo similar a la música de la selva Obert abre otro mundo: el conocido y violento, su máxima es el traslado del sonido urbano (buses, pitos de carros, turbinas, las llantas sobre el asfalto) mientras el público observa el tupido bosque centroafricano y la mirada de una de las mujeres de la comunidad mina la sensación de certeza del mundo como lo conocemos.

Fotograma de SFTF
Fotograma de SFTF

Gabriela Toro Aguilar. Quito – Ecuador

 

El tiempo para jugarse

Feriado
El tiempo para jugarse

Diego Araujo
2014/ Ecuador-Argentina/ 82′

tomado de http://feriadofilm.com/
tomado de http://feriadofilm.com/

En Feriado, el mundo se abre al revés. Es confuso distinguir el movimiento de las cosas, cómo se dirigen y hacia dónde, aunque las imágenes están claras, no hay transparencia posible. Juan Pablo, un adolescente de dieciséis años, visita la hacienda de su tío Jorge y de su familia en las afueras de Quito para pasar el feriado de carnaval. Es el momento menos oportuno porque su tío pasa de ser banquero a ser prófugo de la ley. En ese tiempo suspendido Juan Pablo conoce a Juano; de ahí nace una amistad que es la exquisita experiencia de la complicidad, el juego y la misteriosa cercanía de alguien que siempre será distinto.

Feriado, la ópera prima del director ecuatoriano Diego Araujo, explora el universo dividido de Juan Pablo. Por un lado la normalidad asfixiante de la convivencia con sus primos y tíos, un mundo de convenciones sociales donde todo puede ser descrito hasta en lo inconcebible, y de otro lado su indómita naturaleza interior, el terreno cálido para la exploración ante cualquier temor, el lugar de la sorpresa y el riesgo. Ahí precisamente está una de las mayores fuerzas de la película: una entrada de lleno en las fronteras borrosas del amor, como los puntos distantes de las luces de la ciudad que existen pero no son más que la huella de una presencia.

Juan Pablo (Juan Manuel Arregui) ha reconocido a un par en Juano (Andrés Paredes), su aliado en el escape necesario, el compañero para permitirse ser él mismo pese a sus diferencias. Entre ellos hay más de un límite, más de una separación venida de otros mundos frágiles, la frontera que irrumpe con fuerza -además de la clase- es la corporal: el ojo se posa sobre sus cuerpos expuestos e incorporados en el paisaje. Son parte del todo y están distantes entre sí por cierta imposibilidad que no es fácil de resolver. Juan Pablo, a su manera, atesora preciosos e inocentes detalles y a su vez Juano guarda y muestra con cautela rasgos de su vida. Cada peculiaridad los haría vulnerables si sus miradas sobre el otro esperaran cumplir con alguna norma, por eso el metal no es un exceso en Juano ni la poesía sobra en Juan Pablo.

Es innegable que la presencia de cierta dualidad (dos personajes de distintas clases, dos espacios como el campo y la ciudad, el contraste entre el ladrón de baja monta y el de cuello blanco) ubica al público frente a un gran espejo o una gran ventana. Las apelaciones -por no decir sacudones- a la vida del más acá surgen con cada avance de la historia: ¿quién no ha vivido la violencia?, o al menos ¿quién no la puede reconocer?, ¿quiénes se preguntan en silencio por su libertad o por la venganza? ¿Es la amistad siempre amistad?, acaso ¿una amistad amorosa?

Sin descuidar la construcción técnica, la fotografía se destaca por una organización visual acompañada por tonos cromáticos que refuerzan el estado de ánimo de los diferentes momentos de la historia. El espectador puede indagar en la piel de algún personaje, en los sonidos agresivos de la naturaleza o la irrupción de la sangre que evidencia malestar. La música prepara la sensibilidad del público ante los imprevistos cambios de la historia, sin importar el lugar o el suceso es oportuna y ambienta de tal modo que nos introduce a los mundos posibles del filme.

La historia se llena de frescura: los planos, la música y los sonidos envolventes, el humor propio de la complicidad de la amistad, los paisajes, cada inflexión en las acciones de Juano y Juan Pablo, su lenguaje fluido, hasta el mismo anclaje del tema político. Muchas personas se preguntan el porqué de su nombre, ¿habla del feriado bancario de 1999? En parte sí y en otra no, es conocido que la quiebra de algunos bancos devastó a una parte de la población ecuatoriana y terminó siendo otro hito de la corrupción en el país. Sin embargo una película de ficción es mejor degustarla desde sus propios referentes. En el caso de Feriado es importante el apunte a la crisis económica porque es el momento cuando sucede todo y así se revela la maquinaria del poder -sea de donde venga-: la prepotencia, la ceguera moral, su neurótica negación de la realidad, la violencia destructora que no diferencia absolutamente nada. ¿Y por qué no? También da cuenta de un medio tiempo donde lo ordinario se tiene que renovar con los mismos malabares de cualquier otro día, un feriado al fin y al cabo. Tantas maneras de vivir el tiempo colgándose de él, jugando en sus escondites para continuar con la vida.

El relato potente de Feriado sobrepasa los lugares comunes del amor en la adolescencia; es una historia sobre la amistad, el riesgo por la libertad y sus efectos, después de todo no tan devastadores como la violencia del poder o el agotamiento de la monotonía.

Gabriela Toro Aguilar
Mayo 2014

***
Este es el texto íntegro de la crítica publicada en http://gkillcity.com/ el lunes 19 de mayo del 2014, excepto por el subtítulo “Comentario sobre Feriado, nueva película ecuatoriana” http://gkillcity.com/articulos/chongo-cultural/el-tiempo-jugarse.

No es un comentario porque no hago “barras” a las películas, las aprecio envolviéndome en sus posibilidades y también tomo con pinzas sus estrategias creativas, su ideología o la negación de ésta -si fuese el caso-, etc. Claro que hay gustos personales, pero siendo tan afín al activist film criticism opto por rebasar el gusto o el disgusto, personal o colectivo. Una crítica tiene que ir más allá. Hay categorías que atraviesan tales apreciaciones, tan básicas como dudosas. El comentario es el del “me gusta” o “no me gusta”, una crítica no. En fín, he preguntado a una de las editoras para conocer el criterio de Gkillcity y haber puesto arbitrariamente ese subtítulo.

 

Otra cara

Chandui_1Foto: Gabriela Toro Aguilar. Enero 2014

Sólo sé que soy fulgurante huésped del tiempo,
pariente consanguineo del olvido,
y sólo sé que un dios de desvelados cuchillos
              y planetas,
dividió en mí,
    -al quedarse desahuciado de infinito-,
su sombra y su costado,
y por darme la vida,
  me dió su herida

Alberto Ordóñez Ortiz. El inquilino de la Soledad. 1984

***
En un brazo de mar que hace de piscina sin paredes y manglar medio muerto encontré esta otra cara de la puesta del sol, otra vez cerca del Pacífico -a unos cuantos pasos en realidad- pero desde un punto muy distinto. Este no es destino turístico y los pocos hoteles que algún día estuvieron atestados son columnas y cuartos comidos por la brisa salada y las estaciones.

Todo tiene un halo de nuevo a mis ojos -estos que sin embargo no son míos-, aunque sepa y conozca el cemento, el hierro oxidado, la madera humedicida por el tiempo, las conchas y el plástico traído por el mar; están ahora en otro orden que me desubica y no desconcierta.

¿Será la calidez de un otro tiempo? Está marcado por el calendario, artificio de la razón humana para organizarse entre la nada, pero a que sí, es invierno en la costa y las golondrinas, los gallinazos, las gaviotas y los pelícanos sobrevuelan tan cerca. Todo es, al fin y al cabo, un llamado de atención. Como el sueño de hoy: yo manejando un bus urbano sin saber cómo manejarlo, con tanta gente adentro y en lomas enormes, negras por la noche y brillantes por los inventos. No queda más: hacerse el camino aunque se borren las huellas, llevar las riendas y la ruta en el mar contaminado, encontrarse con los autores, verles la cara, sabernos enemigos y seguir viviendo.

Despedida y bienvenida atrasada, pero ya está. Empezamos otra vez,
Gabriela Toro Aguilar

El callejón

Foto: Gabriela Toro Aguilar
Octubre 2013

***
Noticia del Aire

Este es el aire:
el catafalco de cristal
que no eludió al gusano ni a la iglesia,
que no negó su sala al buitre ni al heraldo,
que no dejó sin besos a la vela boreal.
El mar veloz que a todos comunica,
regazo luminoso para el ala y el vértigo,
el palacio del eco, la nave de los gritos
que da música al árbol y bríos a la espuma.

El aire, el aire, el aire,
padre del hombre, abuelo de los peces,
hijo de los planetas
y del tiempo.

Roque Dalton

O.

Pasaron dos o una hora esperando la habitación. Todo el trayecto a O. había sido un ventanal de todo lo humano en ansiedad: la felicidad de lo incierto en una aventura de la que ya no me podía desembarcar; sería un naufragio, una prolongación de una incapacidad tan patética como para nombrarla.

Ya frente al Pacífico nos recibieron cielo con agua y sus vaivenes nublados tocándose copiosos. El olor de la sal, los granos de arena y su brillo gris de playa sin sol eran mi abismo. Todo o nada. Aunque vestida era vulnerable a cualquier gesto, desnuda a la más tímida mirada de aquel hombre, un ser indescriptible venido del puerto de dos océanos separados por un continente, separados por los años. Años los míos sin saltos abruptos en el pecho, de ver luces centelleantes en la retina, de no luchar por la cobija.

Cómo llamar ese todo de pasar por las tormentas, de matar ídolos, de comerse los errores propios, y en un encuentro feliz y solitario coincidir con un otro para ya no ser los mismos.

Ahora no sé dónde estoy -quizá nunca lo he sabido-, me reconozco todavía y con más sonrisas, pero sigo sin saber qué pasa. Es una sorpresa, el abrigo de otro errante.

Mientrasestabas

Mientras estabas en el baño
Julio 2013, Gabriela Toro Aguilar