Para que no me olvides

Marcela Serrano. Chile, 1993

paraqueno

Blanca sufre una enfermedad que le impide expresarse –con su cuerpo, hablando o escribiendo- aunque pueda comprender todo lo que la rodea. La afasia, el trastorno del lenguaje que padece Blanca, la obliga a conectarse con sus experiencias y deseos más íntimos pese a que sean frágiles y se disuelvan en su memoria, como mismo efecto del accidente cerebral.

En la enfermedad, Blanca repasa sus experiencias como mujer, madre y esposa; una vida de aparente equilibrio y sin grandes alteraciones que es trastocada con la presencia de dos mujeres muy distintas a ella: Sofía, su nueva cuñada, y Victoria, amiga de Sofía e hija de un hombre desaparecido por la dictadura chilena.

Para que no me olvides (1993) le da voz al mundo de esta mujer de clase media alta chilena y realiza una autopsia de la sociedad a la que pertenece. Lo que pasa en Blanca: lo que ella niega y se niega, así como las cosas que quiere omitir pese a la necesidad apremiante de que salgan a la luz –pues el hecho de ocultarlas solo podría traer más conflictos-; le pasa a todo Chile mientras sale de la dictadura militar a inicios de los noventa. Quien lee es testigo de un renacimiento doloroso y apasionante. Las nuevas exploraciones que se permite las hace casi en la clandestinidad, pues sus pequeñas alegrías son revisadas con la lupa de la moral conservadora de esa sociedad.

La escritora chilena Marcela Serrano atina en construir esta historia como un tejido. Se vale del mundo interno sembrado por la enfermedad de Blanca recurriendo a sus recuerdos y a un pasado inmediato que está latente en ella y en sus imposibilidades de comunicación y el deseo de otros tiempos. Blanca, Victoria y Sofía piensan, hacen, leen y hacen el amor; son seres que buscan la libertad en un entorno social y cultural más que hostil. Serrano nos las presenta en diálogos filosóficos y psicológicos; a veces a modo de un guión teatral, otras a la manera de una conversación de aparente banalidad cotidiana que guarda sutilmente la lucidez y sensibilidad de sus personajes.

Esta novela de Serrano no solo es el discurso amoroso de Blanca, una mujer que quisiera mantener el orden de las cosas, una mujer a la que criaron para que se comportara como el personaje femenino de una mediocre película estadounidense de los años 50 pero que algo salió “mal” en el guión. Para que no me olvides es un espejo que acerca a lo más sensible, doloroso y hermoso de Blanca, Victoria y Sofía.

“A las tinieblas se llevaron mis palabras y a veces las busco, tendiendo mis oídos al silencio. El silencio escucha burlándose. Él y yo ya lo sabemos: las palabras no volverán.

Todas las palabras del mundo, en todas las lenguas, formulaciones y acepciones ya fueron dichas. Se han conformado en miles, millares de bocas y cerebros, todas ellas.

No me han dejado ninguna.

Las tinieblas me recortan del espacio de los otros y a su vez me resguardan. Me expulsan con ferocidad y sin embargo me dan fuerza. Una fuerza que desconozco y que no comprendo.

Siempre al abismo.

Me atollo en mis horribles ruidos y callo.”

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