Hannah Arendt, inalcanzable

Vita activa – El espíritu de Hannah Arendt
Ada Ushpiz/ 2015/ Israel-Canadá/ 135′

Hannah Arendt, tomada de Zeitgeist Films

Hannah Arendt, foto tomada de Zeitgeist Films

La directora Ada Ushpiz nos quiere mostrar a una de las más grandes filósofas del siglo XX, la judío-alemana Hannah Arendt (1906-1975); pensadora esencial para comprender los tiempos modernos, la condición humana y la política. Sin embargo, Vita Activa – El espíritu de Hannah Arendt no pasa de unos brochazos mediocres de algo que no llega a ser una biografía ni un documental sobre el pensamiento filosófico de Arendt.

El inicio atrapa: un cuerpo, dos cuerpos, una fila entera, fosas, cientos de cuerpos sin vida; la superficie visible de la miseria humana que se ha manifestado en genocidios aún inenarrables como las matanzas perpetradas en el régimen nazi. Es difícil no pensar en la muerte que ronda todos los días en Alepo, el mar Mediterráneo o México; por nombrar tres sitios de un derrotero sin vuelta atrás, y que pobremente se pone en perspectiva para decir lo actual de la filósofa.

Arendt vivió los efectos del fanatismo ideológico del nazismo y lo estudió a fondo, desde la particularidad de sus orígenes judíos a lo universal de la maldad humana. Casi toda su obra la imprimó con espíritu crítico. Casi, porque formó parte –ingenuamente- del sionismo racista que luego criticó, algo que apenas se menciona en el documental. Así como otras aristas bastante criticables de Arendt, como su terquedad para aceptar el lado nazi de Martin Heidegger.

De la misma manera que Vita Activa engancha al público lo desencanta. Las imágenes duras sobre los campos de exterminio, los cadáveres de cientos de personas o los cuerpos aún con vida -pero en condiciones infrahumanas- parecen un relleno de una narración que tan solo encajaría en una discusión de intelectuales egoístas; puro onanismo. ¿Por qué? Porque en el documental el condumio del pensamiento de Arendt (centrado básicamente en abundantes citas textuales de la obra La banalidad del Mal) no se traduce a las posibilidades fílmicas.

Quizá el aporte más grande de Vita Activa es acercarnos levemente a la vida de Arendt y a tres temas: la pluralidad, el totalitarismo y el mal. No es ningún mérito que tenga imágenes inéditas sobre la vida temprana de la filósofa o que haya conseguido entrevistas que no están en YouTube, eso es un condimento de algo que pudo ser potente y que desmerece su pensamiento y sensibilidad. Como dijo la cinéfila Cristina Mancero este documental parece “un panfleto”.

Narrar visualmente y vivir la experiencia sensible e intelectual de una filósofa esencial como Arendt debe ser más que un amasijo (ordenado en su mayoría cronológicamente) de citas textuales, entrevistas, audios de cartas personales, imágenes de archivo e imágenes presentes.

El pensamiento filosófico en el cine tiene el reto de dejar su caparazón seguro y exclusivo de clave académica. Honestamente, Vita Activa parece un documental de televisión estadounidense hecho para algún público trasnochado de una universidad famosa por sus costos que hipotecan vidas. No hay riqueza visual, sonora ni diálogo alguno con la filosofía; Ushpiz ha hecho de su documental un simple objeto parlante.

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