Día cuatro: 5

 La Casa Emak Bakia

Oskar Alegría
España, País Vasco, 2012, 83′

La-casa-de-Emak-Bakia_1--612x344fotograma del documental

En 1926 el artista Man Ray filmó una película llamada Emak Bakia, en euskera ‘¡Déjame en paz!’, que por su distancia a la tradicional manera lineal de narrar es una película vanguardista y surrealista, y para otros una mala película de Ray apoyada en su lema de la “placer y libertad total en el arte”. De todos modos hay un punto de concepción del mundo que hila, casi accidentalmente para el artista norteamericano, a las imágenes de inconexas asociaciones visuales: el juego y la experimentación, el azar, un camino trazado en el camino, etc.

El documental de Alegría manifiesta esa misma concepción del mundo buscando la casa en Biarritz donde filmó Man Ray su película, es más, se justifica en Emak Bakia para hacer su película. Los primeros minutos el director español hace una presentación de imágenes similares a las de Ray, ya al inicio lo dice, quiere hacer un homenaje a la película de Ray. Así una tras otra en formas parecidas parecen distintas sólo por la distancia del tiempo, el formato y el color.

Alegría evidencia su impronta personal en los textos entre las ‘secuencias’ y eso le da varios giros al documental, de lo que empieza como un homenaje-copia transita a una búsqueda sin meta clara y sólo delimitada en la misma búsqueda que se excusa en un suceso que bien no podría importar, y como se calificaría al mismo Man Ray, resultando en pura excentricidad absurda. Habría que agregar que esos giros son necesarios frente al rápido agotamiento de un no-rumbo, aunque agrada y entretiene cómo el director aprovecha mucho las dificultades de no hallar la casa que quiere, y con astucia arma poemas con los nombres de otras casas, coincide con datos y personas que le darán más pistas para llegar a la casa o para idear el tono de la ruta que podría seguir. Cuando Alegría arribe a la casa empieza otra parte de la película.

El filme también hace guiños a un rescate cultural para reanimar diálogos que se tornan mudos, por eso al director se le hace difícil dar con la dirección y el sitio exacto de Emak Bakia, en las guerras muchas casas habían perdido los suyos, fueran saqueadas o destruidas, pero también la costumbre de poner nombres se ha ido perdiendo, incluso la costumbre de nombrar y expresarse de ciertas maneras se torna difusa en algunos pueblos de las costas del País Vasco. El juego y la palabra también son memorias.

Este documental se rebasa a sí mismo, dice de toda una tendencia en el cine (especialmente en el documental y el experimental) de cómo hacer cine y, dejando al cine a un lado, de una posibilidad de mirar el mundo desde la apertura a las posibilidades que puede dar el mundo que lo rodea. La transformación interna de La Casa Emak Bakia la lleva de una película aceptable sólo por sus intenciones y la calidad de la imagen a una muy buena película con mucha frescura por hacer de lo lúdico una necesidad que brinda vida en momentos de sosiego.

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Un comentario en “Día cuatro: 5

  1. Y encontrar, Alegría encuentra muchos tesoros a lo largo del camino, y los espectadores con él, a medida que avanza el documental. Alegría toma una imagen de la película de Man Ray y recorre la costa de Lapurdi, buscando la casa. “Sobre todo llevaba en la cabeza una imagen, un fotograma en el que se ve el mar y un cabo desierto, sin casas”.

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