M – S

18.10.2012

Sin Otoño, Sin Primavera

Iván Mora Manzano, Ecuador, 2012, 115′

Varias historias de personajes urbanos se entrelazan en una ciudad que pudiera ser cualquiera. No hay marca especial que la distinga de otros paisajes; son personajes de clase media, los une los conflictos propios de esa clase que conforma las ciudades. ¿Qué no hace de esta película una permanente tautología? Hasta ahora diciembre no me lo respondo con satisfacción.

El título

Si bien SOSP empieza con un título digno de una obra literaria no da pistas de esa fuerza en la película, pues el clima ecuatorial con sus dos únicas estaciones (verano e invierno) brinda elementos figurativos que no son explorados. Sin embargo se los puede detectar respectivamente en el avance del guión, un primer momento de fugaz conocimiento de sus personajes -un breve instante para mirarlos pero sin adentrarse en cada uno de sus mundos- y un segundo momento ligeramente desenvuelto con la expresión de los problemas. Es así que uno de los aciertos de la película es que no hay en ningún momento ese reverdecimiento tibio del otoño, la jovialidad naciente de la primavera, acá todo está cargado, pesado o liviano: puro verano, puro invierno. Un título muy coqueto pero no tan preciso.

Los aplausos

Mientras conversábamos con amigos pudimos reconocer pocos logros de la película, ellos más y yo menos. Lo que se lleva más reconocimientos, de modo casi unánime, es el manejo técnico de la fotografía, las locaciones y contadas actuaciones -lo que se ha evidenciado en otros comentarios críticos y artículos. Para algunas personas lo que felicitan de la película es el despojo de la moral conservadora guayaquileña, pero tomando en cuenta que una película es un texto que no sólo se enmarca en lo local no habrá mucho de qué sorprenderse aunque hayan pocas escenas de sexo en el cine hecho en Ecuador. Esa sorpresa no indica más que hay pasos concretándose en la emergente producción cinematográfica nacional y que todavía hay quienes se impresionan por no obtener de una película el reflejo de su moral. Y en ese punto SOSP se muestra firme.

Eso que hace la movida

Del lado de la historia a mi no me quedó claro de quién o de qué se hablaba, si el asunto iba por los personajes todo se quedaba a medio camino: una anécdota por aquí, otra por allá, alguna característica especial pero todo sin anclaje (¿de esto trata la película? ¿ninguna raíz, nada fuerte, todo desarraigo?).

Si era la ciudad faltaría mucho por describir a Guayaquil, aunque fuese desde la experiencia personal del director de haber vivido ahí; además los paisajes y los cuadros bien podrían ser de cualquier ciudad. O si de lo que se trata es hablar de una generación, es poco para contar, aquí cabría preguntarse ¿qué hace de un filme un canto generacional? y no hallo hitos, golpes, logros, nada.

¿Por qué se recurrió a efectos visuales en momentos que todo estaba en manos de la actriz? Es el caso cuando Ana (Lucía Moscoso) parece perturbada, reflexionando entre la impotencia y la ira, obnubilada por sus deseos, y sabemos que atrás hay una hermoso panorama y de repente irrumpen cambios cromáticos en toda la pantalla, ahí todo el trabajo de la dramaturgia se vuelve precario. Aunque SOSP ponga en juego nueve historias “no lineales que se conectan entre sí” en muchas ocasiones parece no haber esa conexión sino fuera por dos de los actores que se involucran en otras de las historias vistas. Una película arriesgada pero que no acierta. La música no complementa, no da ritmo, no marca el paso de la realización del filme, es tan alta que quisiera ser un personaje más y no es tal, es el retorno a la sonorización permanente de la vida.

El maquillaje no es convincente, tanto que recordaba a Paula (Ángela Peñaherrera) y su cicatriz en todo momento, muy notoria como para insertar al espectador en la anécdota. Eso, sin contar que se pudo haber profundizado más aquel elemento, la cicatriz, la marca, la huella, la herida, y sólo pasa a ser un deje nostálgico de un recuerdo de infancia; así como la grabadora de voz, muy interesante pero débil, así como las drogas, llamativas y triviales en su presentación, eco del discurso televisivo más informal y del superfluo vox pópuli. Y sin embargo, botón de lo que atraviesa a cada pedazo de la sociedad, pues su uso ya no es propiedad de una generación ni de una sola clase.

En conclusión, esta película toma muchos riesgos que el cine emergente ecuatoriano tendrá que pensárselos por su innegable calidad técnica, no obstante se ofrece como una obra coral con un fuerte elemento sonoro pero lo que nos cuenta se rompe, hace y deshace que al pasar los créditos, a pesar de entender que todo ha acabado, parece faltar algo, quizá lo punk, porque lo único que tiene de embalada la película es ese dejarse llevar de sus personajes.

Gabriela Toro Aguilar

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8 comentarios en “M – S

  1. Vamos a ver, yo creo, que… ¡Buffff! Es que esto es la rebelión… Uno siempre buscaba en un periódico, o en un libro incluso, la sustentación, la fundamentación de aquellas cosas que pensaba que por deficiencias intelectuales eras incapaces de formular. Tú leías un determinado periódico y eso te servía para nutrirte. Lo que caracteriza esta última fase de la historia, lo que llamaba Ortega la rebelión de las masas, es que el hombre anónimo, el hombre sojuzgado, el hombre pisoteado genera una suerte de resentimiento contra el mundo, contra sus semejantes, contra la época que le ha tocado vivir, que le lleva a encumbrarse, a decirse ‘yo soy el que impone sus propias leyes’. Y ahora, efectivamente, el lector de periódicos ya no busca en el periódico un nutriente para su forma de ver el mundo sino que quiere que el periódico sea un lacayo de su visión del mundo, que es una visión generalmente muy reducida, muy rudimentaria. Ahora lo que se busca es la consigna doctrinaria, la descalificación sumaria, o la alabanza sumaria, también. En definitiva, un poco el automatismo intelectual, que es una cosa muy molesta. Esto está siendo nefasto. Ahora mismo no hay más que pasearse por internet, que es la pared de un retrete donde gente cada vez más enloquecida y más ensañada, más visceral, va deponiendo todas sus vomitonas. Una cosa verdaderamente estremecedora. Y este clima, que tiene mucho que ver con la descomposición de la propia democracia, no nos engañemos, en el fondo, este fenómeno es un síntoma de la descomposición de la democracia. La democracia tiene una fase enaltecedora, luego una meseta, donde se alcanza el sentido de la democracia, y luego entra en descomposición, y yo creo que esta es una de estas expresiones. La gente al final busca en los medios de comunicación visceralidad. Ya no desea que se le desentrañe o se le descifre el mundo sino que lo que busca es confirmar sus apriorismos. Es algo verdaderamente trágico.

    • Bueno, no sé si lo que comento acá va en el sentido de lo que tu comentas, pero, a fin de aportar un poco a lo que vi en esa película (que es de lo que va la entrada) citaré algo que dejé afuera del texto crítico, dice Heidegger que el prolongado discurrir sobre una cosa la encubre, y proyecta sobre lo comprendido una aparente claridad, es decir, la incomprensión de la trivialidad… y para mí esas pocas palabras resumían lo que capté del filme, ahora, de lo que tu dices, de lo que comprendo, pues hay otras críticas a la película (si te refieres a lo que trata y lo que tiene ella) bastante negativas, incluso con valoraciones de clase mezcladas con odios personales a los círculos culturales de Guayaquil y Quito, esa onda anti-intelectual que sin argumentaciones también pasa a ser anti-crítica frente al detenimiento y la reflexión fundamentada de lo que sea. Y bueno, lo de las confirmaciones de las propias valoraciones del mundo en los medios no sólo las encontramos en los periódicos, ese es un problema que el cine enfrenta en su constante hacerse, porque quien dirige por obvias razones tiene que desentrañar su mundo frente a las cámaras y luego eso se pasa a la pantalla; y he ahí el problema porque ese mundo tiene que ser comunicable, sin embargo la crítica debe aportar los elementos necesarios para una lectura -si se puede- más acertada o en tal caso brindar atisbos para otra vez desentrañar ese mundo -que no es el mundo de quien dirige únicamente- que debe ser más accesible. Creo que al final comenté algo parecido a lo tuyo, de todos modos gracias por la lectura.

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