BD – F

Amigos de Emad Burnat participando en una manifestación

Five Broken Cameras/ Cinco cámaras rotas

Emad Burnat y Guy Davidi, Francia-Israel-Palestina, 2011, 90′

Emad Burnat, cineasta accidental y camarógrafo independiente palestino, junto con el realizador documentalista israelí Guy Davidi nos cuentan de modo magistral la resistencia de la aldea palestina de Bil’in a los asentamientos israelíes y a los atropellos de parte del ejército del Estado de Israel. Al momento de nacer el último hijo de Emad Burnat, Jibril, y con su creciente pasión a filmar su vida cotidiana y la de su aldea, decide que su primera cámara grabadora será testimonio de memoria de lo que empezó con un bebé de ojos negros muy grandes y los hostigamientos del ejército israelí que sucedieron a la par.

Jibril Burnat observando los asentamientos israelíes

La trama es misteriosamente optimista, porque se percibe una manera de ver las cosas como un aliento profundo que se toma en los momentos más inciertos, se hacen muchas cosas pensando -casi como una certeza inquebrantable- que todo será para mejor, un optimismo que no es autocomplaciente ni ingenuo frente a los conflictos del campo basto de las relaciones de poder entre humanos. Pero a pesar de los afectos y principios éticos que se expresan en Cinco cámaras rotas hay imágenes de guerra impactantes en el sentido -no sensacionalista- de lo intolerante de las situaciones registradas. Como narración efectiva al momento de estructurar y dar sentido a la historia* contiene metáforas bellas que -si nos involucramos con una mirada crítica y receptiva- nos tocarán desde planos personales o colectivos, más sociales o históricos.

Hay algo en muchas de las cosas que se ven en el documental que nadie en ningún lugar del planeta -con sus cinco sentidos y la fuerza suficiente para no derrumbarse- aceptaría ver con los brazos cruzados frente a su casa. Esta película es una obra que hay que ver debido a su riqueza en imágenes y el sentido que les da de una a otra -y no hablamos de alta precisión fotográfica exactamente-, la honestidad de las miradas narradoras y, entre otras cosas, tener capacidad de dar dinamismo a esta historia compleja y hermosa.

La música de Le Trio Joubran es la que sonoriza al documental.
* Al ver el documental nos damos cuenta que hay bastante material registrado por un largo lapso de tiempo, que es algo que todo quien tenga en sus manos una cámara puede hacerlo, como siempre ha pasado con los distintos soportes de recuerdos familiares, pero el punto en especial es que mientras todas esas imágenes no se anclen y unan entre sí en una narración -una trama o un discurso, para no quedarnos sólo en la no ficción- todo ese material y la secuencia entre ellas no tendrán ningún sentido. Gracias a Andrés por compartirme sus reflexiones a lo largo del festival, como la de arriba que al inicio me pareció muy evidente.

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