La muerte de un libro

«La muerte de un libro, por ejemplo. Al llegar al final de un libro, que a lo largo de sus páginas me ha dado tanto placer, tantas reflexiones, tanta vida, me invade un sentimiento que no sé definir. La muerte es siempre una ausencia. Ausencia de aquello que perece para mí, aunque viva en otro. O sea, o se da a la muerte una connotación objetual -muerte de esto, muerte de aquello, muerte de lo de más allá, en suma, ausencia- o no hay ninguna connotación. La muerte no es sujeto, es siempre objeto. Pero ¿qué es lo que muere, qué es lo que me falta cuando llego al final de un libro? El libro descansa ante mí como había estado siempre antes de iniciar su lectura, pero ya no es el mismo libro anónimo, ya no es un libro, sino aquel libro determinado, y determinado por mi tiempo de lectura. El libro ya no es el lomo, la encuadernación, el volumen de las hojas, el gramaje del papel, los caracteres y su composición página a página. El libro dejó de ser un mero objeto. El libro es una amalgama de cosas y yo mismo. Este yo mismo son dos muertes: la mía y la del autor. El final del tiempo que tardé en leer el libro, el final del tiempo que él tardó en escribirlo. ¡Pensar que podría haber muerto, de hecho, sin que hubiese existido el final de ese tiempo! Sí, el tiempo que ahora está muerto para mí, que me falta, sólo está vivo porque lo enterré en el libro. Ese tiempo es el tiempo del libro en mí, en su primera vez -y, también, única. El libro es mi parte de vida muerta.

»Pero el tiempo vivido en la lectura del libro no se puede recuperar. Aunque vuelva a leerlo, ya no será el mismo. No será el mismo ni nunca fue el mismo, desde el momento en que empecé a leerlo. Y en este mismo están contenidos el libro, el tiempo y yo. El tiempo que ya no es se subleva contra el tiempo que ahora es. Muerto en la última página, en la última línea. Muere en mí un tiempo preciso, mi tiempo del libro e, inmediatamente, pasa a existir esa misma muerte: la falta de mi tiempo del libro. Mi muerte cobra vida.

»Entonces, lo que me falta cuando llego al final del libro es el tiempo del libro. ¿Y qué es ese tiempo del libro que muerte en mí y en mí cobra vida? El mismo tiempo, su duración física, jamás se notaría si tuviese otra muerte. La misma cantidad de tiempo gastado en paseos hasta Colares, en múltiples cartas o en dormir no me haría sentir su falta. El tiempo en sí no es nada. El tiempo es siempre tiempo de algo.

»Pero de esto, del libro, no siento la ausencia. El libro permanece ante mí. No hay ausencia del libro sino del tiempo del libro. ¿Qué será este tiempo del libro al que llamo desde mi vida muerta para que cobra vida? El sujeto de mi muerte. Mi única experiencia mortal. La muerte de un libro, por ejemplo.

Ahora, también usted formará parte de mi experiencia de la muerte. Y debemos dejar que todo siga así, porque la muerte es inalterable. Adios, Marie.»

fragmento de Un clavo en el corazón de Paulo José Miranda

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3 comentarios en “La muerte de un libro

  1. no sé, este escrito me dejó…
    ¿con un muerto encima?
    no, mejor pongamos que ese tiempo irrecuperable, el tiempo de este fragmento… severo.

    saludos chola, avisarás cuando vuelves a ver si le hacemos un combito.

    pd: ah, porsia voy a reeblogear esto en mi blog.

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