Herbolario (fragmento)

Al atardecer, la luz cede conmovida. Los esfuerzos serán premiados. Pero todos los gatos son pardos. Por las dudas, échese usted en la cama y recite sus oraciones sin erratas. Archive usted todos sus desengaños. Una tacita de tila, de manzanilla o de té limón, con una pizca de valeriana y dos terroncitos de azúcar, para olvidar, dan muy buen resultado. La bolsa de agua caliente siempre reconforta, a falta de otra cosa. (Pero ¡qué cosas se le ocurren, criatura de Dios! ¡Dése un champú con agua bendita!) A las diez de la noche es de tomarse en cuenta, señorita de buena familia, que está por conciliar un sueño reparador.

A la rorro niña,
a la rorrorró,
duérmete mi niña,
duérmete mi amor.

Ya que se está usted sintiendo vieja y buena y sana e irreprochable, los párpados caen pesados y comprensivos.

Gorrioncita hermosa
pico de coral,
te traigo una jaula
de puro cristal.

Elena Poniatowska, De noche vienes, 1979.

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