Asoma

Cada uno es mucha gente.
Para mí soy quien me pienso,
para otros -cada cual siente
lo que cree, y es yerro inmenso.

Ah, dejadme sosegar.
No otro yo me sueñen otros.
Si no me quiero encontrar,
¿querré que me halléis vosotros?

Pessoa

A O.T.

Asoma

Ya no espero los días. Aquellos donde imaginaba ir al valle los tres juntos y con las pupilas dilatadas reír y llorar para luego, despacio en cada segundo, seguir con la lata de siempre. Esos donde venías a casa al tope de la media noche, dejabas la ropa de tu turno sobre el retrete de modo que no busque dónde guardabas el paquete que te llevaba al barrio. Dejando un rastro delgado de agua (cada gota se llevó un rastro tuyo, y se evaporó) salías a molestarme junto al escritorio. Llevabas de la mala y por eso nunca te pedí, eso siempre me lo recriminabas y estoy segura de que si nos encontramos me lo reprocharás otra vez, como si no estuviera cansada de las palabras de todas esas veces, de cada día a media noche, de cada lectura interrumpida, de las manuelas fracasadas (las mías, no las tuyas, porque sí te logré escuchar), de no poder contarte con quién tiramos porque siempre me viste como esa bibliotecaria anarquista tímida punk y como la gil que se enamoró alguna vez y la humillaron. Realmente tenía que esperar, creo que en mí muchas cosas son falta de oportunidades. Las de emborracharme, las de drogarme, las de darme de la perra más infame e inteligente – pero no guapa ni “agraciada” – de cada bar, o en último caso la de la cuadra.

Ahora que ya no hay cada unidad milimetrada e imperfecta del tiempo donde reposa el sol en nuestras cabezas, donde sea que estemos, que se lleva el viento que cae con el brillo de esas pocas estrellas; instantes donde todo es permitido. Precisamente te buscaremos, porque no interesa – al menos a mi – si llegarás y tus abrazos serán lo cálidos que tus ojos de hace cinco años. En esta balanza de mierda que no me la quita ningún libro ningún cuerpo ningún nadie, aún, tal vez lo que importe es que no te coma la acera. Ponle la banda sonora que quieras, será sólo el estuche con que guardes los recuerdos que ahora te apolillan las cucarachas engomadas cada fría madrugada de esos lugares que siempre temimos.

Pd: Te conozco al punto -no tanto pero sí lo necesario- de que sé que te reirás a lo que leas esto, así que puede que te llegue meses después, y si no mueres todavía, tal vez después de un año, que es el tiempo que no te he visto. No te disculpo, no me disculpo. Tampoco quiero que mueras. Ahora me dirás que son una exagerada y dramática, puede ser, pero sabemos que hay puntos donde el retorno es un truco, un hilo del que penden las palabras húmedas de tanto estar guardadas.

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2 comentarios en “Asoma

  1. Ni siquiera sé si debéría comentar -por el riesgo de parecer superficial- pero voy a arriesgarme a decirte: que es un escrito de corte muy personal pero las palabras son las precisas y las frases contundentes… además permiten acercarse a tu mundo que me parece muy sugestivo…
    eso nada más gabi…
    un abrazo…

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