Lagunas, memoria.

Digo “nos” porque somos una generación (a la que me pertenezco pero con la que no me identifico del todo) de la herida, la generación de la cicatrización -se me ocurre-. Nacidxs en los años en que nacer se debía sentir muy raro, por cada muerte, por cada bala y cada centro de detención clandestino en este país llamado Ecuador, pedazo de tierra con una memoria histórica frágil pero insistente.

Entonces algunos crecimos con la imagen de dos hermanos sonrientes en negro, de cada miércoles con la Plaza Grande sitiada, porque la casa queda cerca y cada cosa que pasaba en el palacio de gobierno de algún modo llegaba acá como rumor o rubor. Ese tiempo nuestros padres estaban muy pendientes de cada movilización, fue el tiempo en que los grupos tradicionales de izquierdas  defendían -a su manera- la educación pública. En fin, crecí con la imagen de la policía como un ente represivo y asesino: torturador, infame, inmune e impune en su accionar, una policía cruda y devota a esa democracia neonata. De modo que acá la Policía no sale del todo bien pero con pocos rasguños. Y a eso se suma la figura de El Testigo -libro incomprensible para la edad que tenía- de Hugo España, uno de los policías conocedores del caso que se ha arriesgado a contar su testimonio en algunas ocasiones y no en ésta.

De ahí que no sean gratuitas esas tomas en la que María Fernanda Restrepo muestra parte de un taller de derechos humanos para policías. Hay algo en ellas que a nadie se le escapa la atención, es que resulta más que contradictoria la actitud del tallerista y especialmente el desconocimiento de sus participantes respecto al asesinato de Santiago y Andrés Restrepo Arismendi en el gobierno de León Febres-Cordero (1984-1988). Rostros incómodos, cuerpos de posturas rígidas, miradas atentas pero no ávidas.

Con mi corazón en Yambo es una película documental que irrumpe. Empezando desde lo cinematográfico y textual es logrado ya que María Fernanda no deja de lado esa (aún) incómoda primera persona como narradora que no se limita a contar para guiar a sus lectores las vías por donde nos podría llevar el documental (la voz en off). Una primera persona que implica un tratamiento muy delicado del filme, porque éste nos tiene que acercar a una realidad que ha atravesado la historia de Ecuador y a sus dispositivos de poder, algo tan complejo de llevar a cabo desde las manos de una persona, de una familia, la familia Restrepo Arismendi, aunque esa no sea su intención.

foto de archivo, del sitio oficial del documental

La directora se mueve entre su biografía, la historia de la familia y lo que todavía hay que contar y decir en voz alta al país y para ella misma -una historia negada a ella como la hija menor e historia negada a mi generación por esos huecos de la Escuela, del Estado, de sus medios de comunicación. El documental no se llena de sentimentalismos pero no deja los afectos y las afectaciones -parte de ellos-, no necesita de adjetivos peyorativos ni descalificativos y hace catarsis de más alto vuelo porque al fin y al cabo quienes vemos y quienes hacen (el texto-documental) somos cuerpos y en esa evidencia la película toma fuerza y conecta.

Y pese a los momentos más duros hay respiros, detectables en algunas imágenes que (se) brinda María Fernanda, que dan aliento para continuar con el filme de 136 minutos y además hacen que no decaiga, porque esto no se debe al tema en sí que es fuerte sino porque se gana la mirada ávida e inquietante, una mirada que también cuestiona o afirma. Me refiero a las imágenes en movimiento de agua: la laguna de Yambo (el lugar donde más que probablemente los desaparecieron), el río Machángara, (si no me equivoco) la cantera cerca del túnel Guayasamín, la playa y la piscina de la casa de Pedro, su padre. Imágenes que resultarían perturbadoras si se hiciera eco de aquel tipo de narración sensacionalista que sólo es sostenible en la exaltación de lo que captan los sentidos, al contrario se hace más llevadero todo en esa persistencia subjetiva y simbólica de los lugares posibles de paso de Santiago y Andrés y de Luz Elena Arismendi, su madre. No se entierra la herida se la trata bien para que cicatrice aunque lleve tiempo.

Respecto a la mirada que cuestiona no se trata sólo de una mirada que es crítica sino podría ser la del público que no es afín a esta lucha, sin embargo lxs productorxs de relatos y discursos no pueden dar una advertencia antes de entrar a la sala que rece: “por favor no intente afirmar sus creencias, no crea que le haré más fuerte o que le quiero dar la pelea -aunque sin querer lo sea-, sólo entréguese, mire, sienta lo que le muestro o lo que ve; al final las dudas o escríbame un correo, me interesan sus inquietudes” (en el mejor de los casos). Esta mirada que no lee a profundidad sino que revisa es la que tiene cabida con voz y voto en los grandes medios de comunicación, la de quienes se han puesto a lado del Poder, quieran o no.

Si bien en lo político no hay profundización -porque esa no es su intención- Con mi corazón en Yambo toma la forma de un cristal por el cual se puede ver un largo recorrido por las acciones de libertad; vemos los momentos de reclamo-desesperación y los de práctica de libertad, pero también imágenes inéditas para la directora y toda la familia que son hermosas y poéticas.

Esta película es un filme documental que se inscribe subjetivamente y por su transparencia y necesidad histórica se desplaza más allá. Pasa del registro (la sola observación, el archivo, el reportaje), de la cámara como arma-instrumento (la denuncia, el medio), del testimonio como necesidad legítima y catarsis (íntimo, artístico, poético). Será la referencia para las próximas generaciones que no vivieron aquellos años confusos y convulsionados, los de las noticias tímidas, los de las apologías audiovisuales con lenguaje “veraz y objetivo” de condolencias para el autoritario y asesino ex-presidente hijo de la democracia cristiana, como diría Ramiro Oviedo (poeta apátrida nacido en este pedazo de meridiano), a ese hijo de la cresta. Esta película es, para mí, esa Pedrada en Ojo Tuerto que hacía falta. No será sorpresa los premios que le llegarán, ni los cientos de aplausos en septiembre, el mes del estreno oficial.

Con mi corazón en Yambo definitivamente es un documental para caminar con pasos seguros, sea por donde se esté transitando, en estos territorios.

Con mi corazón en Yambo (sitio oficial)

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