Despegando, otra vez

Inicio otra vez el recorrido, y despegamos con Suite Habana desde los apuntes que tenía guardados desde hace algún tiempo.

Suite Habana
el detalle de unas vidas

Voy a morir en cuanto ciudad para volver a ser un hombre. Así, pues, cierro los oídos, los ojos, la boca.

Henry Miller

Es la cotidianidad en La Habana. Varios día a día talvez un poco mono-tonos pero llenos de destellos y cosas inenarrables como la insistencia del padre de un niño con Síndrome de Down para que el pequeño sienta el devenir vital como cualquier otro niño lo pudiera sentir o como una mayor adulta que vende todos los días maní endulzado para continuar a algo que ni ella lo sabe, también está un largo suspiro de un muchacho de diecinueve años que pese a sus anhelos de bailar ballet trabaja en cosas que no tienen nada que ver con la danza -pasa ¿no?- y así las vidas transcurren para contarnos un poco de esa ciudad, de lo que guarda y lleva.

Es en un parque con un libro donde seres anónimos gozan en silencio. Es también en el faro de la ciudad que avisa al que se acerca, sólo la cercanía de un lugar pero no da ni ideas de lo que se encontrará allá.

Pérez nos lleva a conocer lo íntimo del detalle perturbante de cada persona. Perturba porque los personajes se desnudan frente a la cámara y de manera nada convencional, pues en el documental hay poquísimos diálogos, ellos están ahí cocinando, bañándose, trabajando, bailando, caminando, leyendo, barriendo. Es como si un familiar no tan cercano pero tampoco molesto estuviera filmando calladito un día común nuestro: desde la madrugada a lo que te despiertas -o a las diez de la mañana, no importa- hasta cuando ya estás en la cama de nuevo.

El silencio de los personajes se acompañan con los sonidos de la ciudad, de los lugares y de las personas. Cada uno cuenta algo, lo que pasa con esas Habanas no conocidas, se las ve. Por ejemplo, al inicio asoman pasos de tacos de mujer, vemos a un hombre y no se sabe qué va a hacer con ellos y para qué los tiene. Se escuchan las minucias de las cocinas, de las escuelas, de las rieles del tren, también se puede escuchar la ansiedad de un músico aficionado de la salsa y la alegría de quienes la bailan.

Suite Habana es un documental casi poético si tomamos en cuenta que la poesía susurra el objeto, lo sugiere.

Aquí también encontramos una arista de la paradoja. Pérez hace de lo monótono algo hermoso, de lo bullicioso lo transforma al silencio, los personajes son un sinfín de posibilidades. Y pese (porque pesa) lo inerte de ese vaivén de resignaciones, frustraciones, estigmas, enfermedades, trabajos no deseados, Suite Habana quiere gritar algo más. No tiene final feliz porque además no tiene porqué, pero es un alivio encontrar algo de este casi cine silente minimalista artístico y documental.

Fernando Pérez, 2003, Cuba, 80′.

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